l evento de la
influenza A H1N1, cuyo origen no está determinado aún y que
posiblemente tenga antecedentes con el brote del SARS, ha tenido
mayor impacto en México, provocando una serie de reacciones
alrededor del orbe, algunas favorables y otras menos favorables, lo
que nos deja entrever dos situaciones que suceden de forma
paralela. Por un lado, el
alto grado de entendimiento que existe entre algunos países cuyos
vínculos están consolidándose, como es el caso de México con Estados
Unidos. Y por otro lado, el nivel de desvinculación que hay entre
países hermanos, que ante eventos como el de la influenza se agudiza
aún más.
El cuestionamiento que debemos hacer en este caso es: ¿qué fue lo
que sucedió durante esta circunstancia, donde se tenía que mostrar
lo que hemos venido diciendo sobre la solidaridad entre los países
de América Latina? ¿Por qué la sobrerreacción? Estados Unidos
presentó una cara más amable, lo que demuestra el grado de avance
que tenemos con Norteamérica en estos temas y, la forma
completamente emocional con la que estamos ligados con América
Latina.
La tajante restricción que se hizo a los vuelos es una medida que
paraliza las relaciones entre dos países y que afecta los flujos
comerciales de diversas maneras, entonces, ¿por qué no
negociar con México la continuidad de los viajes con la condición de
realizar exámenes médicos antes del abordaje, así como la
sanitización de los aparatos? La medida de
contingencia sanitaria que tomaron algunos países de la región fue
completamente unilateral, no consensuada con México. Esta medida no
consideró el enorme despliegue que nuestro país realizó para evitar
la propagación del virus no sólo a nivel local sino en todo el
mundo. México ha estado
bajo el escrutinio del mundo en estos días y en este sentido,
nuestro país de manera responsable, ha mantenido informada a la
Organización Mundial de la Salud sobre las acciones ejecutadas. No
obstante, algunos países, la mayoría Latinoamericanos, tomaron
decisiones que no reflejan un entendimiento real de las situaciones
de conflicto y de cooperación entre pueblos.
Aunque las relaciones económicas con América del Sur no son
notables, representan un 5% en términos del total de los bienes
exportados al mundo. Por esta razón, no debemos dejar caer estos
lazos que aunque frágiles, integran a dos regiones con una historia
y destino en común.
¿Tenemos que buscar una nueva lectura de las relaciones? ¿Qué
podemos esperar en materia de cooperación comercial entre países si
ante eventos de contingencia no podemos ser solidarios? Parece ser que la
Cumbre de las Américas y otros eventos similares tendrán que ser
redimensionados y reconfigurados, para que más que una reunión de
agenda se conviertan es un espacio de entendimiento para la
colaboración.