as
negociaciones de la
Cumbre de la ONU sobre el Cambio Climático en
Copenhague terminarán el 18 de diciembre, entonces se sabrá si los
actores principales se comprometerán a reducir sus emisiones de CO2
a pesar del costo en crecimiento. En caso de no llegar a ningún acuerdo, las temperaturas
aumentarán entre 1.1 y 6.4 grados centígrados en los próximos
años.
(Estimación del Panel Intergubernamental de Cambio Climático,
PICC).
Sin
embargo, esta negociación es bastante complicada. Los países que más emiten CO2 en el mundo son EEUU
(21.7%) y China (27%), mientras que todos los países de
la
Unión Europea expiden el 15% de
las emisiones totales. En términos per capita, EEUU emite 5.6
toneladas por habitante, mientras que la Unión
Europea 2.4, Rusia 2.7, Canadá 3.9 y China
1.2
(Baumert, Kevin A., 1999e.)
Con
el acuerdo en Copenhague se espera que se llegue en 2020
a
emitir 30% menos de lo que se emitía en 1990, eso
corresponde a emitir el 42% de lo que se emitió el año
pasado.
Lo cual requerirá inversión alta en nueva generación de
energía.
México
sólo emite el 1.75% de las emisiones mundiales de CO2 y tiene un
presupuesto de 10 mil millones de dólares para el “Fondo Verde”.
Éste tiene
el objetivo de desarrollar programas de estímulos a países que
reduzcan sus emisiones contaminantes y financiar proyectos que
tengan como meta combatir el cambio climático. México,
Noruega, Reino Unido y Australia ya unificaron criterios y
plantearon la iniciativa del Fondo Verde para impulsar el
financiamiento del fondo en la Cumbre de
Copenhague.
Llegar
a un acuerdo es complicado, ya que en caso de cooperar se requerirá
una inversión significativa para bajar las emisiones, lo que
representa un costo para la industria y el gobierno. Esto se ve
reflejado en la competitividad de las empresas y menor crecimiento
económico.
Acordar la reducción de emisiones generará pérdida de
crecimiento del 1% del PIB para cada país. En caso de seguir el
ritmo de emisiones actuales, se perderá del 11% al 14% del PIB y
hasta un 25% para los países más vulnerables en los próximos 40
años.
Por
lo tanto, es menester que se llegue a un acuerdo para reducir el
efecto invernadero. Es primordial la participación de China, EEUU y
la
Unión Europea, porque de su
decisión dependerá la participación de los demás países. Hasta el
momento ningún país se ha querido comprometer plenamente porque si
algún país es el único que se compromete, sólo perderá
competitividad y gastará en beneficio de los demás. Sin embargo,
México, Japón y algunos países de la Unión
Europea están impulsando iniciativas para unificar
a los líderes mundiales en la lucha por el cambio climático.
En caso de que todos se comprometan y un país no lo
haga, éste se verá beneficiado porque no perderá competitividad y no
habrá consecuencias por el efecto invernadero. Todo esto nos lleva a
típico dilema del prisionero donde el equilibrio de Nash será: no
cooperar, a pesar de que todos estarían mejor
cooperando.
Sin embargo, esperamos que los líderes mundiales se enfoquen más en
los beneficios a largo plazo del acuerdo que se haga en Copenhague y
se lleguen a acuerdos concretos por el beneficio de las generaciones
sucesoras.